sto tomé el viejo

  


[Alguien dijo una vez que en ávila había tantas iglesias que tuvieron que convertir
una de ellas en un garaje]



Como tantos hijos de curas y seminaristas, yo también estudié en el dioce junto a los parias y los ricos de ávila, en un primer ejercicio de antixenofobia que no funcionó.
Había además chicos de los pueblos, internos, que más que del medio rural, parecían venir de otra galaxia : gayumbos blancos, camiseta y ropa raída de riguroso color marrón.

El dioce se construyó con la fachada principal a la calle lesquinas, anodina y estrecha, secundaria, para preservar la integridad física de los pupilos de la circulación vial de la más significativa e importante duque de alba, vía esta a la que daban las puertas de los patios, y que a la postre fue la que se usó para entrar y salir del colegio, relegando la imponente fachada para el acceso de la curia a los actos conmemorativos.

Tal era el volumen de autos en los años sesenta y tal el número de iglesias de la ciudad, que hubo necesidad de hacer de santo tomé el viejo un garaje, el garaje castilla.
Nosotros lo conocimos con mejores y más modernos autos que los que salen en la foto, pero más feos. Algunos llevaban el velocímetro en millas, en claro desafío a las unidades de medida tradicionales del régimen. Los mecánicos de entonces lucían chupa de cuero con las puñetas ceñidas y manchadas de grasa y deambulaban de un lado a otro sin soltar el martillo y una llave inglesa de proporciones descomunales.

A la vista de este derroche de primitiva ingeniería, todos aspirábamos a ser mecánicos o taxistas, y los curas no veían el modo de meternos en vereda y conseguir que estudiáramos historia.
Y no digamos francés.


Fotos en blanco y negro tomadas de flickr/avila.es, galería de josé luis pajares
Enlaces a flickr:    foto del interior    foto de la fachada
tres de junio de dos mil doce